Para que el reclamo por el espacio curricular para la informática como materia sea claro y consistente, es necesario establecer con precisión de qué hablamos cuando hablamos de la enseñanza de esta disciplina.
A lo largo de mi trayectoria y en sintonía con lo que promovemos desde la ADICRA, siempre sostuve que para hablar de una verdadera enseñanza de la Informática en las escuelas, no basta con la sola presencia de computadoras. Tampoco alcanza con su utilización transversal, llamada según la época “alfabetización digital”, “las TIC en la educación” o “educación digital”.
Esta perspectiva se apoya en una base conceptual firme: la definición de la ADICRA, que entiende a la Informática como “la disciplina o campo de estudio que abarca el conjunto de conocimientos, métodos y técnicas referentes al tratamiento automático de la información, junto con sus teorías y aplicaciones prácticas, con el fin de almacenar, procesar y transmitir datos e información en formato digital utilizando sistemas computacionales.”
Reconocer a la Informática como disciplina implica pensar qué se enseña, dónde se lleva a cabo y quiénes están a cargo de su enseñanza.
En esa línea, los tres aspectos desarrollados a continuación son fundamentales, ya que permiten establecer con claridad cuándo se dan las condiciones para hablar de la enseñanza de la Informática en sentido pleno.
1. Diseño Curricular: “qué” enseñar
El diseño curricular es el eje que estructura el proceso educativo. Al igual que en el resto de las asignaturas, es su columna vertebral. No es solamente un marco administrativo, sino el documento oficial donde se define el proyecto educativo de cada jurisdicción (las 23 provincias y la CABA). Es el instrumento fundamental para garantizar que los estudiantes accedan de manera progresiva y sistemática a los conceptos y competencias fundamentales de la informática, en forma escalonada a lo largo de toda su trayectoria escolar.
En este documento se detallan los objetivos, los contenidos y las estrategias de enseñanza necesarios para que los estudiantes comprendan los conceptos más relevantes de la disciplina.
Entiendo que la existencia de un diseño prescriptivo -que convierte su enseñanza en obligatoria- es fundamental para actuar como una protección para la materia frente a:
- Enfoques circunstanciales, paradigmas pasajeros o modas pedagógicas, tan habituales cuando se trata de nuestra área o campo del conocimiento.
- Intereses particulares de alguna institución o solicitudes arbitrarias de las autoridades escolares, muchas veces derivadas del desconocimiento de la disciplina y de la no existencia del diseño.
- Investigaciones ligadas únicamente a apreciaciones particulares de quien ejerce la cátedra, evitando que el contenido dependa del gusto o la formación del docente de turno.
2. Espacio Curricular Propio: “dónde” enseñar
El espacio curricular es simplemente la materia. Es el lugar concreto en la carga horaria de la escuela, que permite que el diseño curricular deje de ser solo un marco teórico y se transforme en una realidad educativa. La Informática no puede enseñarse de manera ocasional, ni diluida dentro de otras asignaturas; para que exista una enseñanza real, es indispensable contar con un lugar definido dentro del plan de estudios.
Sin una carga horaria específica y reconocida en la Formación General (a la misma altura que por ejemplo, Matemática, Lengua y Literatura, Educación Física, Historia, etc.), cualquier propuesta pedagógica queda reducida a intervenciones aisladas. El espacio propio es lo que garantiza las condiciones necesarias para la disciplina:
- Sistematicidad y Gradualidad: Al ser un espacio independiente, permite que la enseñanza sea organizada y escalonada a lo largo de toda la trayectoria escolar. Esto evita la enseñanza fragmentada o la “transversalidad espontánea” que suele derivarse de la improvisación.
- Contenidos Específicos vs. Transversalidad: Es imperativo entender que la informática posee saberes específicos (como los cuatro ejes que impulsa la ADICRA: algoritmos y programación, sistemas informáticos, informática en la sociedad, aplicaciones de la informática) que no se adquieren por “ósmosis”. La utilización de las computadoras en otras áreas puede enriquecer el aprendizaje, pero nunca reemplaza el trabajo específico en la materia Informática.
- Paridad con otras Disciplinas: Tener un espacio propio coloca a la informática al mismo nivel que las materias tradicionales, como Matemática o Historia. Esto garantiza que no sea relegada a un mero soporte técnico para otros docentes, sino que sea reconocida como un campo del saber con voz propia.
- Viabilidad y Derecho a la Formación: El espacio propio es el entorno necesario para que el docente desarrolle una planificación áulica concreta. Sin él, la enseñanza depende de la voluntad de cada institución, poniendo en riesgo el derecho de los estudiantes a incorporar los conocimientos que la sociedad actual demanda.
En resumen, el espacio curricular propio es el único que asegura que el estudiante deje de ser un simple usuario de herramientas y se convierta en un conocedor de los fundamentos de las tecnologías de la información, abordando la disciplina con rigor conceptual y metodológico.
3. Incumbencia de Títulos: “quién” enseña
La calidad de la enseñanza está directamente vinculada a la formación de quien está a cargo del espacio curricular. Considero fundamental que estos contenidos sean enseñados por docentes de informática, con preparación específica tanto en el campo disciplinar como en el didáctico.
La informática, como las otras disciplinas, posee su propia didáctica. Un docente titulado está formado para investigar y aplicar las estrategias más efectivas, evitando la idea errónea de que “cualquiera que sepa prender una computadora” puede enseñar la materia. Además, su presencia asegura que el docente sea un profesional formado específicamente y no un “facilitador digital”.
Entendiendo las distintas realidades jurisdiccionales, propongo instancias transitorias para que ningún estudiante se quede sin docente:
- Habilitación de estudiantes del Profesorado de Informática (con un alto porcentaje de materias aprobadas).
- Examen de idoneidad como medida excepcional si no se lograran cubrir las vacantes.
El horizonte debe ser la profesionalización plena del área, garantizando docentes idóneos para transformar el diseño curricular en aprendizajes reales para los estudiantes de nuestro país.
Conclusión
Reconocer a la Informática como materia no es una cuestión terminológica ni una disputa menor dentro del sistema educativo. Implica asumir que se trata de una disciplina con saberes propios, con una didáctica específica y con profesionales formados para enseñarla. Diseño curricular, espacio curricular propio e incumbencia de títulos no son demandas aisladas, sino condiciones necesarias para garantizar una enseñanza de calidad.
Solo cuando estas tres dimensiones se articulan es posible ofrecer a todos los estudiantes una formación en Informática que no dependa del azar, de modas pasajeras ni de interpretaciones parciales, sino de un proyecto educativo serio, sostenido y con perspectiva de futuro.
Referencia:
Cucuzza, G., Cristiani, M. G., y Tantone, S. (2018, 10 de noviembre). Las 3 claves de #LICM. ADICRA. https://adicra.ar/3claveslicm



